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Gracias, Don Roberto: una historia de confianza y compromiso

Por: Danielle Roux Rodríguez
Fotos: Gabriel Roux

La Universidad Iberoamericana reconoció la trayectoria y las contribuciones de Roberto Hernández Ramírez, expresidente de su Patronato FICSAC, con el nombramiento de un aula en el nuevo Núcleo de Emprendimiento del campus Santa Fe.

El pasado 2 de noviembre, la IBERO celebró una ceremonia en distinción a la trayectoria y las contribuciones de don Roberto Hernández Ramírez, egresado de la Licenciatura en Administración de Empresas, destacado empresario mexicano y expresidente del Patronato Económico y de Desarrollo de la Universidad Iberoamericana, Fomento de Investigación y Cultura Superior, A. C. (FICSAC).  Como parte del reconocimiento, se inauguró el Aula Roberto Hernández, ubicada en el nuevo Núcleo de Emprendimiento del edificio F, un espacio destinado a impulsar la creatividad, la innovación y el desarrollo de proyectos empresariales entre el estudiantado.

La elección del lugar no fue casual. Hace más de cuarenta años, Roberto Hernández encabezó una de las campañas financieras más importantes en la historia de la Universidad, que hizo posible la construcción del campus Santa Fe. Posteriormente, durante su presidencia en FICSAC, impulsó nuevas campañas de procuración de fondos para fortalecer la infraestructura académica, entre ellas las que contribuyeron a la construcción de los edificios F y G, destinados a los Institutos de Investigación. Hoy, como parte del Hub IBERO para la Innovación Social, uno de esos espacios lleva su nombre y se prepara para acompañar las ideas y proyectos de nuevas generaciones de estudiantes.

Durante la ceremonia, el Dr. Luis Arriaga Valenzuela, S. J., Rector de la Universidad Iberoamericana, destacó que una universidad permanece en la vida de sus egresados de muchas formas y que, en ocasiones, esa cercanía se prolonga durante toda una vida. En este sentido, reconoció que el nombramiento del aula constituye una manera de agradecer tanto la trayectoria empresarial de Roberto Hernández como la confianza que ha depositado, a lo largo de los años, en la IBERO y en el proyecto educativo de la Compañía de Jesús.

La inauguración del Aula Roberto Hernández también permitió presentar algunos de los proyectos con los que la IBERO busca responder a los desafíos actuales de la educación superior. Así, el Dr. Alejandro Anaya Muñoz, Vicerrector Académico de la Universidad, explicó que el nuevo Núcleo de Emprendimiento forma parte del Hub IBERO para la Innovación Social, una iniciativa que articula espacios de trabajo, laboratorios, mentorías y oportunidades de vinculación para impulsar la creatividad, la innovación y el desarrollo de proyectos.

Como ambos señalaron, emprender exige mucho más que una buena idea. Supone aprender a administrar recursos, asumir riesgos, tomar decisiones y desarrollar proyectos sostenibles en el tiempo. Desde la perspectiva humanista de la IBERO, estas capacidades deben estar acompañadas por una formación integral que permita reconocer las implicaciones éticas y sociales de cada decisión. En este sentido, el Vicerrector destacó la importancia de recuperar la ambición como una cualidad que impulse al estudiantado a llegar lejos, pero siempre orientada por la responsabilidad frente a los demás y la capacidad de identificar los problemas que merecen nuestra atención.

De esta manera, el nuevo Núcleo de Emprendimiento busca formar personas capaces de poner su talento y sus conocimientos al servicio de los grandes desafíos contemporáneos.

El Rector también reconoció el interés que Roberto Hernández mantiene por el futuro de la educación y las transformaciones tecnológicas, ahora como miembro de UIAC. Recordó que, en una conversación reciente, el empresario le compartió un documento con reflexiones y propuestas sobre las posibilidades de la inteligencia artificial y sus implicaciones para el quehacer universitario, inquietudes que coinciden con las preguntas que hoy se plantea la IBERO sobre la incorporación crítica y ética de estas tecnologías a la docencia y la investigación.

Construir hoy nuestro mañana: una historia de compromiso con la IBERO

En su emotiva intervención, don Roberto llevó a las personas asistentes a recorrer algunos de los momentos decisivos en su historia compartida con la Universidad y de su Patronato, recordando que es resultado de una larga tradición de colaboración, generosidad y confianza.

Tras los daños que sufrió el antiguo campus de Cerro de las Torres a causa del sismo de 1979, la comunidad universitaria enfrentó el desafío de garantizar la continuidad de las actividades académicas y, posteriormente, construir una nueva sede para la IBERO. El proyecto, que requería una inversión considerable, se desarrolló en un contexto de profunda incertidumbre económica, marcado por la crisis de 1982 y la nacionalización de la banca. Sin embargo, de la unión de voluntades nació la campaña financiera «Estamos en campaña para construir hoy nuestro mañana» (1981-1986), Al Lic Hernández fue nombrado Presidente ejecutivo  de está campaña, impulsada inicialmente por Don Adolfo Patrón Luján, presidente de FICSAC, y el Rector Dr. Ernesto Domínguez de Quiroga; y retomada en 1985 bajo la presidencia de Julio Gutiérrez y encabezada ejecutivamente por Roberto Hernández, Amparo Espinosa y Alberto Sánchez Palazuelos.

En enero de ese año, la campaña se presentó formalmente en un desayuno celebrado en el Hotel Camino Real. Con una estructura de procuración cuidadosamente organizada, un equipo de promotores y estrictos mecanismos de transparencia, auditoría y rendición de cuentas, coordinados por el tesorero Wilfrido Castillo, la iniciativa consiguió movilizar a cientos de benefactores. Durante la ceremonia, don Roberto evocó las palabras del P. Xavier Scheiffler, S. J., fundador de la carrera de Administración y padrino de su generación de Administración de Empresas, quien en aquella ocasión citó al poeta León Felipe: «Primero cuenta las piedras, luego las estrellas». Más de cuatro décadas después, don Roberto recuperó aquella imagen: «Hoy, podemos contar las dos».

Al cierre de la exitosa campaña, 602 donantes habían contribuido a reunir aproximadamente 76 millones de dólares para hacer realidad el nuevo campus en Santa Fe. Don Roberto recordó algunas de las reglas que guiaron aquel esfuerzo monumental: nunca solicitar un donativo de manera casual ni por teléfono y, sobre todo, que cada promotor comprometiera primero su propia aportación antes de invitar a otras personas a sumarse.

Más allá de las cifras, su relato permitió recuperar el espíritu de corresponsabilidad que hizo posible la campaña. Como recordó durante la ceremonia, Julio Gutiérrez había expresado una convicción que sintetizaba el sentido de aquel proyecto: «Es preciso hacer la IBERO ahora para hacer el México de mañana».

También recordó que la construcción del campus Santa Fe dio continuidad a una tradición que se remonta a los primeros esfuerzos de procuración para levantar las instalaciones de Cerro de las Torres. Como símbolo de esa continuidad, la primera piedra colocada en el nuevo campus fue la misma que, con el escudo de San Ignacio de Loyola, había marcado el inicio de la construcción de la sede anterior. Asimismo, en Santa Fe se colocaron las placas con los nombres de los benefactores de Cerro de las Torres, como una manera de preservar la memoria de quienes también hicieron posible la historia de la Universidad.

El compromiso de Roberto Hernández con la Universidad no terminó con aquella campaña; por el contrario, marcó el inicio de una nueva etapa. Durante sus dos periodos como presidente de FICSAC (1989-1995), impulsó iniciativas para la construcción de los Institutos de Investigación de Ingeniería y Ciencias Económico-Administrativas (hoy edificios F y G) y de las instalaciones deportivas, contribuyendo al crecimiento y consolidación del campus.

La campaña que hizo posible este crecimiento, «Invertir en Educación por el Futuro de México» (1990-1994), reunió 28 millones de dólares y cambió la narrativa: ya no se trataba de donar, sino de invertir en la educación y en el futuro de México. A ello se sumó una operación de intercambio de deuda (swap) con la Secretaría de Hacienda por 46 millones de dólares, cuyos recursos se distribuyeron entre los planteles de Tijuana, León, Torreón y Puebla. Posteriormente, ya como miembro de UIAC, don Roberto mantuvo su cercanía con el Patronato y continuó apoyando las necesidades de la Universidad. Participó como benefactor en campañas como «La aportación en la Mejor Inversión» (2000-2003), que durante la presidencia de Pablo Escandón contribuyó a la construcción de los edificios P, Q, R y S; y «Todos Somos UNO» (2011-2013), impulsada durante la presidencia de Fernando Chico Pardo y el rectorado del Dr. José Morales Orozco, S.J., que hizo posible la construcción de Prepa IBERO en La Marquesa.

«[Estas] son solo algunas de las campañas con las que el Patronato ha acompañado a la IBERO, desde Cerro de las Torres hasta Prepa IBERO y la Excelencia Académica», recordó don Roberto, reconociendo así una tradición de procuración de fondos y colaboración que ha acompañado el desarrollo de la Universidad a lo largo de siete décadas.

Su trayectoria al frente de FICSAC forma parte de esta historia institucional de colaboración entre la Universidad, la sociedad civil y el sector empresarial, en la que distintas generaciones de empresarios, egresados, autoridades universitarias y benefactores han sumado esfuerzos para fortalecer el proyecto educativo de la IBERO.

En su discurso, don Roberto dedicó un reconocimiento especial a las numerosas personas que hicieron posibles aquellas campañas. Lejos de atribuirse individualmente sus resultados, insistió en el carácter colectivo de los logros alcanzados y agradeció a quienes compartieron la convicción de que invertir en educación es contribuir a la construcción de un mejor país.

Entre ellas, recordó y agradeció a Marcela Arregui, quien fuera directora de campaña, y a Dina Mejía, actual Directora General del Patronato; a empresarios e integrantes de FICSAC como Fernando Chico Pardo, Justino Compeán, Wilfrido Castillo y Francisco Serrano; así como a los rectores Domínguez Quiroga, Carlos Escandón y Carlos Virgil, quienes desempeñaron un papel importante en el acercamiento de la Universidad con el sector empresarial. Como él mismo reconoció, resulta difícil nombrar a todas las personas involucradas sin omitir a alguien, pues el éxito de las campañas fue siempre resultado del trabajo compartido.

Más allá de sus contribuciones al desarrollo de la Universidad, don Roberto también destacó que la IBERO ha representado mucho más que su formación profesional. Durante su intervención, recordó que en la institución también estudió Claudia, su esposa, a quien conoció gracias a su vínculo con la Universidad. Más adelante, sus tres hijas, Marilú, Roberta y Andrea, siguieron sus pasos, al igual que varios de sus nietos.

«La IBERO me dio mucho más que el conocimiento y la formación de las aulas», expresó, al recordar los vínculos personales y familiares que lo han unido a la institución durante décadas.

En este sentido, la inauguración del aula adquiere un significado especial. Como recordó don Roberto, en el plan de campaña de 1984 ya se hablaba de la IBERO como el lugar donde se formarían los futuros empresarios del país. Más de cuarenta años después, el nuevo Núcleo de Emprendimiento recupera aquel propósito y lo proyecta hacia las nuevas generaciones, con una visión de la actividad empresarial comprometida con la innovación, la responsabilidad social y el bienestar colectivo.

Hacia el final de su discurso, recuperó cuatro frases que había escrito en una tarjeta con motivo de la inauguración de la campaña financiera del 85: «fe en la causa, fe en la campaña, fe en el futuro y fe en la responsabilidad de todos y cada uno«. Más de cuarenta años después, aquellas palabras mantienen su vigencia: «La causa y la campaña ya cumplieron. El futuro está aquí, en nuestros alumnos», afirmó.

La ceremonia concluyó con la develación de la placa del Aula Roberto Hernández, un merecido reconocimiento a su trayectoria empresarial, su compromiso con la educación y su contribución al fortalecimiento de la Universidad Iberoamericana. En palabras de San Ignacio de Loyola, “el amor se debe poner más en las obras que en las palabras”. Y así como don Roberto ha demostrado durante décadas su compromiso con la IBERO y su Patronato a través de sus obras, hoy la Universidad expresa su gratitud de la misma manera: con un espacio que lleva su nombre.

A lo largo de siete décadas, FICSAC ha acompañado el crecimiento de la IBERO gracias a la confianza y generosidad de personas que, como don Roberto, han comprendido que contribuir a la educación significa apostar por un futuro cuyos frutos quizá no lleguemos a conocer.

Hoy, en uno de los edificios que ayudó a hacer posibles, su nombre acompañará a nuevas generaciones de estudiantes que comienzan a imaginar, desarrollar y construir sus propios proyectos. Una forma de recordar que las grandes obras universitarias no terminan cuando se inauguran sus edificios: continúan en las personas que los habitan y en todo aquello que, desde sus aulas, hacen posible.

Gracias, don Roberto, por ayudarnos a construir la IBERO de hoy y por seguir confiando en la IBERO del mañana.

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